Una de las maravillas naturales del mundo junto a la selva paranaense, los esteros del Iberá repletos de fauna y las ruinas jesuíticas que cuentan la historia del Río de la Plata antes de la independencia.
El Parque Nacional Iguazú concentra el 80% de los 275 saltos que forman el sistema, repartido en varios circuitos de pasarelas por la selva subtropical.
El salto más imponente, con 80 metros de caída. Se llega en el Tren Ecológico de la Selva hasta la estación homónima y luego por una pasarela de 1,1 km sobre el río hasta la plataforma suspendida, empapado por el vapor y el rugido del agua.
El Circuito Superior (1,7 km) recorre la parte alta de los saltos con vistas panorámicas; el Circuito Inferior (1,7 km) desciende hasta la base, con miradores muy próximos al Salto Bosetti y Dos Hermanas, y acceso al embarcadero hacia la Isla San Martín.
Paseo en lancha zodiac que se adentra bajo los saltos para una ducha completa e inevitable — la forma más adrenalínica de sentir de cerca la fuerza del agua.
Una pasarela panorámica de 1,4 km ofrece la vista de conjunto de todo el sistema de cascadas desde el otro país; se puede visitar en medio día cruzando la frontera desde Puerto Iguazú.
Desde la localidad de Colonia Carlos Pellegrini se navegan los esteros al amanecer o al atardecer para avistar yacarés, carpinchos, ciervos de los pantanos y una altísima diversidad de aves acuáticas, prácticamente garantizado por lo dócil de la fauna local.
Varias estancias de la zona ofrecen cabalgatas por los campos que rodean el humedal, una forma tradicional de recorrer el paisaje del Litoral guaraní.
El proyecto Rewilding Argentina ha reintroducido en la reserva especies que habían desaparecido de la región, como el yaguareté y el oso hormiguero gigante, convirtiendo a Iberá en un caso de referencia de conservación en Sudamérica.
Las ruinas jesuíticas mejor conservadas de Argentina, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Los muros de piedra roja tallada de la reducción guaraní del siglo XVII se recorren en un circuito peatonal con un espectáculo de luz y sonido nocturno.
La capital de Misiones, junto al río Paraná, sirve como base para conectar Iguazú con San Ignacio y el resto de las ruinas jesuíticas de la región, además de contar con una costanera moderna para pasear al atardecer.
Abril a septiembre concentra el clima más agradable, con temperaturas suaves y menor humedad, ideal para caminar los circuitos completos. Diciembre a febrero es la temporada más calurosa y húmeda, con el subtropical de Misiones en su versión más intensa. Marzo y abril pueden traer crecidas del río que a veces cierran temporalmente la pasarela de la Garganta del Diablo por seguridad.
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