Cerros de siete colores, salinas que parecen nieve blanca y valles de altura donde crece el vino más elevado del mundo: el norte argentino conserva la cultura andina más intacta del país.
170 km de pueblos y montañas de colores en la provincia de Jujuy, declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
El pueblo más fotogénico de la quebrada, recostado sobre el cerro que da nombre a la postal más repetida del norte argentino. Su plaza reúne a artesanos locales todos los días del año.
Base habitual para explorar la zona, con el Pucará, una fortaleza precolombina reconstruida sobre una colina con vistas a todo el valle.
El pueblo que da nombre a la quebrada conserva su Cabildo colonial; a las afueras, el cerro Hornocal —conocido como la "Serranía de Catorce Colores"— exige subir a más de 4.300 msnm para verlo desde el mirador.
Uno de los mayores salares del mundo, a 3.450 msnm, cruzando la Cuesta de Lipán desde Purmamarca. La superficie blanca y agrietada crea un efecto óptico casi surreal, sobre todo si ha llovido recientemente.
La ruta 68 entre Salta y Cafayate atraviesa formaciones rojizas esculpidas por el viento y el agua: la Garganta del Diablo, El Anfiteatro, Los Castillos y Las Ventanas son las paradas obligatorias, mejor recorridas en coche propio para poder parar en cada mirador.
Cafayate concentra las bodegas de mayor altitud del mundo, especializadas en el vino blanco Torrontés; la mayoría ofrece catas y visitas guiadas por sus viñedos de altura.
La ruta hacia Cachi cruza la Cuesta del Obispo y el Parque Nacional Los Cardones, un bosque de cactus gigantes que puede superar los 300 años de vida, con el pueblo de adobe de Cachi como final del recorrido.
La Catedral Basílica y el Cabildo enmarcan la plaza 9 de Julio, corazón de una de las ciudades coloniales mejor conservadas del país.
Conserva las momias incas de los Niños de Llullaillaco, halladas a más de 6.700 msnm, uno de los hallazgos arqueológicos más importantes de Sudamérica.
Un teleférico sube en pocos minutos hasta el mirador que domina toda la ciudad, con opción de bajar caminando por un sendero señalizado.
Abril a noviembre concentra la estación seca, con cielos despejados casi garantizados para fotografiar los cerros de colores y las salinas. Enero y febrero traen la temporada de lluvias del altiplano, que puede cortar caminos de montaña y enturbiar los colores de la quebrada. Las noches de altura son frías durante todo el año, incluso en pleno verano, por la altitud.
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