En el sur, la triple frontera con Perú y Brasil sobre el río más caudaloso del planeta; al este, las llanuras del Orinoco y un río que durante unos meses al año se convierte en un arcoíris líquido. Dos de las regiones más remotas de Colombia, y también de las más memorables.
Leticia, capital del departamento del Amazonas, es la ciudad más austral de Colombia y punto de encuentro entre tres países: Colombia, Perú (la localidad de Santa Rosa) y Brasil (Tabatinga, a la que se llega caminando o en mototaxi). La ciudad en sí tiene pocos atractivos propios, pero es la puerta de entrada obligada a la selva y el punto de partida de todos los tours. Solo se llega en avión desde Bogotá o Villavicencio, o por vía fluvial desde Perú o Brasil.
A 75 km río arriba desde Leticia (unas dos horas en lancha), un pueblo ecológico sin coches y de ritmo mucho más pausado, considerado por muchos viajeros una base mejor que la propia Leticia. Desde aquí se accede a los lagos de Tarapoto, donde es habitual ver delfines rosados de río, y al Parque Nacional Natural Amacayacu.
Reservas como Tanimboca, con cabañas sobre los árboles y actividades de canopy, o visitas guiadas y respetuosas a comunidades indígenas de la región, completan la experiencia de selva. El avistamiento de aves, la pesca de pirañas en canoa al amanecer y los paseos nocturnos para escuchar la selva son de las actividades más recomendadas.
Cada atardecer, cientos de loros llegan a posarse en los árboles del parque central de la ciudad en un espectáculo sonoro y visual que sorprende a cualquier visitante, sin necesidad de contratar ningún tour.
En el Parque Nacional Natural Sierra de la Macarena —Patrimonio Biológico de la Humanidad y primera reserva natural clasificada en Colombia, en 1948, donde confluyen los Andes, la Amazonía y la Orinoquía—, el río Caño Cristales se transforma entre junio y noviembre cuando la planta acuática Macarenia clavigera florece bajo el agua en tonos rojos, rosas, verdes y amarillos, ganándose el sobrenombre de "río más lindo del mundo" o "arcoíris líquido". Solo se llega en avión desde Bogotá o Villavicencio hasta La Macarena, y de ahí en lancha, jeep y una caminata final.
Los Llanos orientales, con capital en Villavicencio, son una extensión de sabanas, humedales y ríos que comparten cuenca con el Orinoco venezolano. La cultura llanera —ganadería, joropo y jinetes formidables que ayudaron a Bolívar en las guerras de independencia— define la identidad de la región. Cerca de Villavicencio, excursiones en barco permiten ver delfines rosados de río en la confluencia de los ríos Manacacías, Yucao y Meta.
En la Amazonía, el pirarucú (uno de los peces de escama más grandes de agua dulce), la piraña y, para los más aventureros, el mojojoy (larva de palma), son los platos más representativos. En Los Llanos, la mamona —ternera asada lentamente en varas de madera sobre brasas para ocasiones especiales— y la carne a la perra, cocinada envuelta en cuero de vaca, son las estrellas de la cocina llanera.
En la Amazonía, salvo en Leticia y Puerto Nariño, el alojamiento es sencillo: cabañas de madera con mosquiteras, electricidad limitada a horarios concretos y baños a veces compartidos. En Caño Cristales, los hoteles alrededor son rústicos, sin agua caliente.
Clima tropical cálido y muy húmedo todo el año en la Amazonía, con dos épocas marcadas: aguas altas (diciembre-mayo), cuando la selva se inunda y hay más navegación, y aguas bajas (junio-noviembre), con playas de río y más senderos accesibles. Para Caño Cristales, el fenómeno de colores solo ocurre entre junio y noviembre, cuando el parque permanece abierto y las plantas acuáticas florecen — fuera de esa ventana no tiene sentido planificar el viaje.
El transporte —vuelos internos, lanchas y traslados en jeep— es el gasto más alto en ambas regiones, muy por encima del alojamiento o la comida.
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