Lagunas de agua turquesa encerradas por acantilados de piedra caliza, naufragios de la Segunda Guerra Mundial y un río que desaparece bajo una montaña de selva: la isla que National Geographic y Condé Nast han elegido repetidamente como la mejor del mundo.
El Nido concentra el paisaje más fotografiado de Filipinas: más de 40 islas e islotes de piedra caliza rodeando lagunas de agua turquesa, prácticamente todas accesibles solo en tour de barco organizado.
El Nido organiza sus excursiones en cuatro circuitos estándar, cada uno con paradas distintas. El Tour A incluye Big Lagoon y Small Lagoon, las dos joyas más icónicas. El Tour C añade un naufragio para snorkel y la playa de Helicopter Island. Todos incluyen almuerzo tipo barbacoa en una playa.
Lagunas cerradas de aguas cristalinas encajadas entre paredes verticales de piedra caliza. Small Lagoon se explora en kayak o nadando por una abertura estrecha en la roca — la imagen más repetida de El Nido en redes sociales.
Playa de 4 km de arena dorada a unos 30-40 minutos de El Nido en moto o tricicleta, sin necesidad de reservar tour — la alternativa perfecta para quien quiera un día de playa por libre sin barco.
Playa de arena fina con vistas a un islote cercano, parada habitual del Tour C; suele tener menos gente que Big Lagoon a primera hora de la mañana.
A solo 10 minutos en tricicleta del centro de El Nido, con un bar-mirador sobre la playa que se ha convertido en uno de los puntos favoritos para ver el atardecer sin necesidad de tour en barco.
Coron ofrece un Palawan más volcado al buceo: doce naufragios japoneses hundidos en 1944 salpican sus aguas, junto a lagos de montaña de una transparencia excepcional.
Elegido durante años como uno de los lagos más limpios de Asia, se accede tras una breve pero empinada subida entre formaciones rocosas. Sus aguas, de una claridad casi irreal, permiten ver el fondo a varios metros de profundidad.
Una flota japonesa hundida por la aviación estadounidense en 1944 dejó doce pecios repartidos por la bahía de Coron, hoy convertidos en uno de los mejores destinos de buceo de naufragios del mundo. Varios son accesibles con snorkel para quien no bucee.
Dos lagunas conectadas por un túnel de roca, con una peculiar mezcla de agua dulce y salada visible como un efecto óptico bajo el agua al nadar entre ambas capas.
Palawan reúne una biodiversidad marina que va mucho más allá de las lagunas de postal: arrecifes de coral prácticamente intactos, mantarrayas, tortugas y algunos de los mejores pecios de buceo recreativo del planeta.
Los doce pecios de la bahía de Coron cubren distintos niveles de buceo, desde el Kogyo Maru (accesible para principiantes) hasta el Akitsushima, más profundo y técnico — Coron es, para muchos buceadores, el mejor destino de naufragios de Asia.
El arrecife de Tubbataha alberga una de las mayores concentraciones de biodiversidad marina de Filipinas: tiburones de arrecife, mantarrayas y, ocasionalmente, tiburones martillo en los canales más profundos.
Las aguas poco profundas cerca de Busuanga (la isla donde se encuentra Coron) son uno de los pocos lugares de Filipinas donde todavía se avistan dugongos, un mamífero marino herbívoro emparentado con el manatí, cada vez más raro por la pérdida de praderas marinas.
Las dos bases principales de Palawan tienen su propio mirador de referencia, ambos alcanzables sin equipo técnico pero con cierto esfuerzo físico.
Subida de unos 45-60 minutos por roca y cuerdas fijas hasta un mirador que domina toda la bahía de Bacuit y sus islotes kársticos — probablemente la mejor vista panorámica de El Nido, especialmente al atardecer.
Escalera de unos 15-20 minutos sobre Coron Town que corona con una gran cruz iluminada y vistas a la bahía — la puesta de sol más popular y accesible de la isla, sin necesidad de barco ni guía.
Coron y sus lagos no son solo un destino turístico: son territorio ancestral del pueblo Tagbanua, una de las comunidades indígenas más antiguas de Palawan, que gestiona directamente el acceso a lugares como Kayangan Lake y Barracuda Lake bajo un régimen especial de tierras ancestrales reconocido legalmente.
Capital de Palawan y puerta de entrada aérea a la isla, fundada en 1872 por la Corona española con el nombre de Puerto de la Princesa en honor a la infanta Eulalia de España — hoy es también la base para visitar uno de los fenómenos naturales más singulares del país.
Río navegable que recorre más de 8 km bajo una montaña de selva antes de desembocar en el mar, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y elegido una de las Nuevas Siete Maravillas Naturales del Mundo. Se recorren en barca unos 1,5 km del tramo accesible, entre estalactitas y colonias de murciélagos.
Antiguo cuartel construido originalmente por los colonizadores españoles, Plaza Cuartel es hoy un parque tranquilo en el centro de Puerto Princesa — pero también el escenario de uno de los episodios más trágicos de la Segunda Guerra Mundial en Filipinas.
Ante el avance de las fuerzas aliadas, las tropas japonesas encerraron a 139 prisioneros de guerra estadounidenses en refugios antiaéreos del campamento, los rociaron con gasolina y les prendieron fuego. Solo once hombres lograron escapar y sobrevivir. Hoy, un monumento conmemorativo recuerda a las víctimas en el propio parque.
Uno de los arrecifes de coral mejor conservados del planeta, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, situado en pleno mar de Sulú. Solo es accesible en barcos liveaboard de varios días, entre marzo y junio, cuando el mar está en calma.
El mercado central de la ciudad, con puestos de pescado fresco, fruta tropical y comida callejera a precios muy por debajo de las zonas turísticas — el mejor lugar para probar comida local auténtica.
Puestos de comida y artesanía que se instalan al atardecer cerca del muelle, con buen ambiente y precios razonables — una alternativa más económica a los restaurantes de la calle principal.
La vida nocturna en Palawan es tranquila y volcada al atardecer más que a la fiesta prolongada — el mar y los madrugones para los tours en barco marcan el ritmo de las noches.
Bares junto a la playa principal con música en vivo ocasional y buen ambiente hasta medianoche; los locales más animados se concentran cerca del muelle central.
Ambiente más relajado, con bares centrados en cócteles frente al atardecer desde Mt. Tapyas o en las terrazas del centro — la fiesta prolongada no es el fuerte de Coron, y eso es parte de su atractivo.
Antiguo santuario de fauna africana (jirafas y cebras introducidas en los años 70 durante la era Marcos), hoy gestionado como reserva natural — una excursión curiosa pero opcional, más recomendable para quien tenga varios días extra cerca de Coron.
Pequeño santuario de aves cerca de Puerto Princesa, refugio de miles de garcetas y otras aves migratorias — visita poco conocida entre los turistas internacionales, más popular entre observadores de aves.
El festival más importante de la provincia, que conmemora la fundación del gobierno civil de Palawan. Puerto Princesa se llena de desfiles, danzas tradicionales, ferias comerciales y representaciones culturales de los 23 municipios de la isla, incluidas las comunidades indígenas Tagbanua, Batak y Palaw'an.
El pescado y marisco recién capturado —lapu-lapu, atún, langosta— es la base de la cocina en El Nido y Coron. Para el más aventurero, el tamilok (un molusco de manglar que se come crudo con vinagre) y el sisig de cocodrilo son las dos rarezas gastronómicas más comentadas de la isla.
Noviembre-mayo es la mejor época en Palawan: mar en calma y buena visibilidad para los tours en barco. Julio-agosto concentra el mayor riesgo de mal tiempo, y muchos operadores de tours en El Nido reducen o cancelan salidas en esas fechas.
El Nido y Coron no están conectados por carretera asfaltada completa: el ferry rápido (unas 4 horas) es la forma habitual de moverse entre ambas bases. Manila-El Nido y Manila-Coron tienen vuelos directos de aproximadamente 1h15. Dentro de cada pueblo, todo se recorre a pie o en tricicleta.
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