Playas de arena dorada, un centro histórico victoriano casi desconocido para el turista de paquete, la historia judía de Sosúa y la capital mundial del kitesurf en Cabarete. La cara verde y montañosa de la República Dominicana turística.
Puerto Plata fue el primer polo turístico de República Dominicana y conserva un centro con casas victorianas de madera de finales del siglo XIX, poco recorrido por el turista de resort que va directo a la playa.
El único edificio del siglo XVI que se mantiene en pie en la ciudad, mandado construir por Carlos I de España en 1541 para proteger el puerto de los piratas. Al final del Malecón, con vistas al mar.
El corazón de la ciudad, con una glorieta clásica y la catedral de torres blancas justo al lado. Buen punto de partida para recorrer el centro a pie.
En una mansión victoriana de principios del siglo XX, con una de las colecciones de ámbar dominicano más completas del país, incluyendo piezas con insectos fosilizados de millones de años.
Dos calles fotogénicas del centro: una decorada con sombrillas de colores suspendidas, la otra conocida como "la calle rosa" por el color de sus fachadas.
Más de 6 km desde la Fortaleza San Felipe hasta Long Beach, con bares y puestos de comida — ideal para pasear al atardecer, especialmente los fines de semana.
Sube en 10 minutos hasta la cima de la Loma Isabel de Torres, con un Cristo Redentor a escala menor que el de Río y jardines tropicales. Desde arriba se ve toda la costa: Cofresí al oeste, Sosúa al este y la propia ciudad de Puerto Plata a los pies de la montaña.
Sosúa tiene una historia poco conocida fuera de República Dominicana: en 1938, el gobierno de Trujillo acogió a cerca de 600 refugiados judíos que huían de la Alemania nazi, en uno de los pocos países que abrió sus puertas en aquel momento. Los refugiados introdujeron la industria láctea y cárnica que aún hoy es motor económico de la zona.
En el barrio de El Batey, la pequeña sinagoga sigue en uso ocasional (un oficiante conduce el Shabat mensualmente) y el museo contiguo documenta con fotografías la llegada de la colonia judía en 1940.
Bahía en forma de media luna con arena dorada y aguas turquesas protegidas por arrecife, buena para snorkel. Los Charamicos, al final de la playa, es el barrio más local y menos turístico.
Más tranquila que Playa Sosúa, surgida cuando el mar retrocedió dejando esta cala. Buena opción si buscas algo menos concurrido sin salir de Sosúa.
A 20 minutos de Sosúa, Cabarete se ha convertido en un referente mundial del kitesurf y el windsurf gracias a sus vientos constantes durante todo el año — sede habitual de la Copa Mundial y el Master of the Ocean. El ambiente es joven y bohemio, muy distinto al de los resorts de Bávaro.
Cocoteros, arena fina y el cielo salpicado de cometas de kite casi cualquier día del año. Hay escuelas de kitesurf y windsurf para todos los niveles, desde iniciación hasta perfeccionamiento.
Cerca de Cabarete, con senderos, una cueva taína con salto controlado de 18 metros y un parque de monos capuchinos rescatados con tirolinas y puentes colgantes.
Monumento Natural en Imbert, a unos 36 km de Puerto Plata: un sistema de 27 cascadas y pozas de agua turquesa esculpidas en piedra caliza por el río Damajagua, que se recorren saltando, deslizándose y nadando con casco, chaleco salvavidas y guía obligatorios.
La opción más habitual: unas 2-3 horas ida y vuelta, ideal si tienes tiempo limitado o vas con niños. Entrada independiente desde unos 11-21 USD según el circuito.
Reto de 4-5 horas que requiere buena condición física — solo una minoría de visitantes llega hasta el final. Los tours organizados con transporte, guía y almuerzo cuestan entre 45 y 95 USD por persona.
La zona de resorts todo incluido más consolidada de Puerto Plata, con un pequeño arrecife para snorkel y buena infraestructura de deportes acuáticos.
Más tranquila, junto al complejo Ocean World, con un ambiente algo más exclusivo que Playa Dorada.
Islote de arena blanca y coral en medio del mar, accesible solo en excursión en barco desde Puerto Plata — el contraste perfecto con la arena dorada de la costa, con aguas de un turquesa muy intenso ideales para snorkel.
La opción más fiable para comprar ámbar y larimar auténticos con garantía, justo en la planta baja del propio museo.
Fundada en 1888, una de las destilerías más antiguas del país. Se puede visitar para conocer el proceso de elaboración del ron y comprar directamente en la tienda de la fábrica.
La cocina de la zona gira en torno al pescado y el marisco, con una oferta internacional notable en Sosúa y Cabarete gracias a la fuerte presencia de residentes extranjeros.
Diciembre-abril es la temporada seca y la más recomendada, con vientos constantes que además favorecen el kitesurf en Cabarete. De mayo a noviembre aumentan las lluvias y el riesgo de tormentas tropicales entre agosto y octubre, aunque esta costa apenas recibe sargazo por su ubicación frente al Atlántico.
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