Última capital del reino cingalés antes de la conquista británica y hogar del Templo del Diente de Buda, la reliquia más venerada del budismo cingalés. Rodeada de colinas, campos de té y jungla, Kandy es también la puerta de entrada al mítico tren de las Tierras Altas.
El centro de Kandy es compacto y se recorre a pie en un par de horas, con el lago y el Templo del Diente como eje de la visita.
El santuario budista más importante de Sri Lanka, que alberga —según la tradición— un diente de Buda rescatado de su cremación y traído desde la India en el siglo IV. La entrada cuesta unos 1.500-2.000 LKR (5-6€) y hay que ir descalzo, con hombros y piernas cubiertos. La ceremonia de puja, tres veces al día, es el mejor momento para visitar: la última, a las 18:30, con el ambiente más intenso de ofrendas y cánticos.
Lago artificial de 3,5 km de perímetro construido por el último rey de Kandy en 1807, con una pequeña isla central y un muro decorado con nubes y cabezas de dragón. Rodearlo a pie es el paseo obligado de la ciudad, con reptiles de buen tamaño tomando el sol junto a la orilla.
Una estatua blanca de 27 metros sobre una colina al norte de la ciudad, uno de los budas más grandes de Sri Lanka, con las mejores vistas panorámicas de Kandy y el lago desde su base.
Danzas tradicionales de más de 2.000 años de antigüedad, con acrobacias, malabarismos y la Danza del Diablo, terminando con caminata sobre brasas. Se representa cada tarde en varios centros culturales junto al lago, entrada desde unos 4-8€.
El Queen's Hotel, edificio colonial donde durmió la reina Isabel II, conserva la fachada blanca original junto al templo. Al lado, el Museo Nacional ocupa el antiguo Palle Vahala —residencia de las concubinas reales— con cerca de 5.000 objetos de la época kandiana.
A 6 km del centro, uno de los jardines botánicos más importantes de Asia, con una avenida de palmeras reales, un jardín de orquídeas y árboles centenarios plantados por jefes de estado en visita oficial.
Dos templos —uno budista, otro hinduista— a unos 45 minutos en bus desde Kandy, sin entrada de pago (solo donativo), que se visitan a pie desde el cruce de Gadaladeniya, una tarde tranquila fuera del circuito principal.
A las afueras de Kandy, camino de las Tierras Altas, es posible hacer una hora de rafting suave en el río donde se rodaron escenas de "El puente sobre el río Kwai", desde unos 8€ por persona.
Uno de los mercados más coloridos y perfumados del país, con especias, frutas tropicales y productos locales repartidos en varias plantas, a pocos minutos a pie del lago.
Kandy es uno de los centros artesanos del país en tallado de madera, batik y máscaras tradicionales usadas en las danzas kandianas; varios talleres del centro permiten ver el proceso antes de comprar.
Sri Lanka es un productor histórico de zafiros y otras piedras preciosas, y Kandy concentra varias joyerías con certificación donde comparar precios frente a Colombo.
La herencia colonial británica dejó una tradición de pastelerías ("bakers") que conviven con el rice and curry tradicional, más especiado que en la costa por la altitud y el clima más fresco.
Alojarse cerca del centro y el lago da libertad para moverse a pie; las opciones en las colinas de alrededor ofrecen más tranquilidad y vistas a cambio de depender del tuk-tuk.
Enero-marzo son los meses más secos y recomendables. Kandy, en el centro de la isla y a mayor altitud que la costa, tiene un clima algo más suave, entre 20-28°C durante todo el año, con lluvias más intensas en mayo-junio y en noviembre por la influencia de ambos monzones.
Kandy es una de las paradas más económicas de la ruta clásica por Sri Lanka, especialmente en alojamiento.
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